domingo, 1 de mayo de 2011

LA LANZA DEL THUSAMI

Las aguas caminaron de espaldas a la orilla para
volver con una fuerza extrema sobre su posición,
ya nada estaba en su sitio, y por la televisión
se empezó a proyectar una procesión de:
claveles ahogados,
hogares volantes,
granos de arena sin sentido,
uralitas sin frenos,
vidas con una coreografía sin entrenar
y una carrera de vehículos descontrolada.

Apenas pasaban las 8:00h,
hora en la que el despertador de Sayuri
olvidó su tono habitual,
de forma extraña comenzó la mañana,
se veían las puertas del cielo de par en par,
un hormigueo de personas se saludaban
y miraban a la tierra antes de dar el último paso.

Sayuri se acercó al baño,
se aclaró la cara y fue hasta la cocina,
la resultó curioso ver como todos los objetos
de aquel cuarto estaban descolocados,
algunos por el suelo y hechos pedazos,
otros en el borde de la encimera,
y los menos aún casi en su sitio.

Después de calentar el agua y mezclarlo con el té
acudió al salón, el sofá estaba boca abajo,
las estanterías volcadas, su colección de
muñecas manga toda rota, y una de las
bombillas no paraba de parpadear.

Solo la tele estaba en su sitio,
de pronto, sintió un escalofrió de miedo entrar por sus pies,
la realidad manchaba las paredes de aquella estancia,
la niña no quería verla,
Pero inevitablemente encendió el televisor.

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