jueves, 13 de septiembre de 2012

LA ÚLTIMA VEZ

Se había levantado pronto
el último día que pasó por casa 
a recoger las pocas cosas que quedaban.

Como siempre, había desayunado,
había hecho la cama y se había aseado antes de salir,
con dos gotas del perfume que ella le había regalado bastaban, 
todo en su sitio,
hasta había dejado espacio para el regreso de sus cosas.

Se presentó a media mañana, un saludo cordial,
dos besos en las mejillas y un cigarro en el salón,
-¿Cómo te encuentras?- preguntó ella.
Bueno bien, ¿qué quieres que te diga que no sepas?
Me creo fuerte pero no es así, intentaré ocupar mi tiempo
en cosas diferentes y aceptar que es la última vez que piso este suelo.

Poco más duró la conversación,
a medias quedó el cigarro apagado en el cenicero.
Sus cosas estaban dentro de dos bolsas justo a la entrada de la casa,
él pensó que podría llevarse otras muchas,
pero las más delicadas quedarían allí por siempre,
lejos del alcance de su físico.

La puerta se abrió, entró un sol que apenas calentaba,
el viento empujó la puerta y se cerró dando un portazo,
habían tenido el tiempo justo para mirarse de cerca,
bajó los dos escalones que daban acceso a la calle
y depositó las bolsas en la basura,
no se dio cuenta de que el perfume que él le compró
lo acababa de tirar.

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