domingo, 3 de julio de 2016

REFUGIADOS

Vieron que usaba un chubasquero azul,
era invierno y ese día llovía llovía y llovía,
no era extraño pero tampoco era normal,
a mi espalda la pequeña casa que dejaba,
delante de mi, en concreto en mis brazos, mi hijo,
tenía tres años y evidentemente se cansaba rápido al andar,
no sé de donde pude sacar tantas fuerzas,
la gente me ayudaba en mi caminata, paso a paso,
¿dónde, dónde esta mi tierra?

Tan solo somos dos refugiados más que no podemos cambiar nada,
y una gran mayoría frivoliza diciendo que hoy en día nadie se muere de hambre,
que remedio me queda si no es que me estén matando,
es que simplemente no quieren que vivamos porque otros han de vivir mejor,
de verdad que no sé como podré explicar esto a mi hijo,
esta totalmente empapado y ahora duerme,
me quito el chubasquero y le acurruco junto a mi,
¿dónde, dónde está mi lugar?

Ando, ando y ando hasta que cae la noche
y duermo dulcemente sobre un campamento de barro,
alguien antes de dormir se prestó a darme un poco de agua,
no hay nada como la solidaridad ante lo que parece un viaje a ningún lugar,
despierto y compruebo que ha dejado de llover y mi hijo esta completamente seco,
debo conseguir mi objetivo pero si lo pienso, no tengo claro cual es,
rotas todas mis ilusiones solamente me queda seguir adelante,
¿dónde, dónde he de llegar?

No quiero que nadie se apiade de mi,
no quiero buscar la tierra prometida,
hoy por fin ha salido el sol y quizá cuando mi hijo me pregunte donde estamos,
pueda contestarle que en su nueva casa, en un nuevo hogar,
que se ha acabado esta travesía entre barro, lluvía y policías,
que nuestro pequeño chubasquero azul no lo volveremos a usar,
¿quién sabe que será de él y que será de nosotros ahora,
¿dónde, dónde hemos llegado?

No hay comentarios:

Publicar un comentario