domingo, 3 de julio de 2016

VOLVER

A parte del recuerdo
es lo vivido,
el fruto de nacer de la nada,
el río desembocando en nuestros cuerpos desnudos,
es como tienen que ser las cosas,
es el construir un mundo alineado
con tus costumbres y las mías,
alineándonos cerca de los besos
que conocen perfectamente el sabor de tus labios,
las tonterías de por las mañanas
y el dormir abrazados por la noche
para luego separarnos,
es el cerrar los ojos y pensar en todo,
a parte del recuerdo,
también es el olvido,
el querer saber a que sabe lo desconocido,
para poder volverme unir a ti.

LOS POEMAS SE SUFREN

Los poemas se sufren
y yo lo hago con ellos,
lo hago contigo, lo hago para ti,
pero ahora escribo con la intención
de dejar de sufrir, porque un poema
también puede inyectarse en vena
y ser el bálsamo cuando no hay abrazos,
cuando no hay besos,
cuando no se sabe si hay solución,
cuando no es que no estés,
porque el que no está, soy yo.


Los poemas que escribo me pertenecen,
y yo necesito de ellos,
necesito de su comprensión porque lo soportan todo,
son más fuertes que yo,
me patalean y me dicen Jorge has perdido,
has perdido muchas veces,
Jorge no tienes corazón,
no deberías querer porque no sabes hacerlo,
porque te cansas de todo,
y me repiten Jorge deja de escribir,
pero no lo haré, 
porque sé que hay personas que ganan a los poemas,
y destruyen a la poesía simplemente con una frase, 
con una palabra,
con una letra y yo quisiera ser así.


El dolor no mata pero quita días de vida,
y yo lo que no voy a permitir es que me quite los poemas
que te escribo, que no son mios, que son tuyos,
que son yo, que son tú.


THE END

Anoche sábado conocí al sol,
y tardé horas en dormirme,
todas las horas que tardé en examinar tan solo un dedo de tu mano
con todos los míos,
a oscuras, con las persianas bajadas,
buscaba algo de mi en tI que creí justo tener cuando te dormiste,
y me dormí en el mismo momento que acompasados encontramos
en el nerviosismo la misma respiración.

Sentí estar viviendo dentro del poema que siempre quiero escribir y no me sale,
no soló recorrí con mis manos tus dedos,
si no qué entre desvelos de medianoche por culpa del alcohol,
me bebí todo lo que tú te habías bebido toda la noche
cuando empecé masajear tu pelo, tus hombros,
los brazos, y nos volvimos a quedar dormidos
sintiendo que no nos hacía falta ningún beso,
porqué ya nos habíamos quemado.

HACERLO

Me gustaría poder correr, saltar, nadar, pelear,
tirarme a la piscina desde más de 5 metros.

Quisiera también subir montañas, bajar laderas,
colgarme desde unas cuerdas y sentir el vacío,
disparar con arco justo al borde de la diana.
No todo lo que queremos podemos hacerlo,
no todo lo que podemos hacer lo hacemos por miedo,
por dejadez, por hacer daño, por fracasar.

En definitiva, lo poco que hacemos a veces nos hace sentir vivos,
nos hace tocar la vida con las manos,
sentir que somos libres,
aunque así no sea la realidad, ni la libertad.

NO ME GUSTA

Frente a un despertador desde por la mañana,
frente al móvil, todo el día,
frente a un ordenador, un mínimo de cinco horas,
frente al televisor, algunas de las horas de ocio,
frente al facebook, twitter, whatsapp,
aplicaciones inútiles y videojuegos,
hablas conmigo y mientras atiendes algún mensaje,
te da igual lo que diga.

Antes de dormir miras las redes sociales,
te das cuenta de que algún ex amigo, ex novio,
conocido o compañero de carrera ha subido una foto,
ha modificado su estado o te ha puesto un mensaje privado,
gastas tu tiempo intentando descifrar lo que dice,
compartiendo lo que ha publicado,
quizá hasta te duermas pensando en el,
en lo que os pasó aquella vez que hacíais el amor en el coche,
o cuando os quedasteis encerrados en el ascensor,
parece que no hay forma de dejar el pasado con la tecnología,
la involución al servicio de cada ciudadano,
de cada palabra que se intenta decir y no obtiene respuesta,
de cada me gusta cuando la realidad no es esa,
no me gusta.

DISPARA

No recuerdo bien como empezó ese día,
sería otro día de amanecer con pocas ganas de hacer lo mismo de siempre,
con dolor en todo el cuerpo y los ojos totalmente ensangrentados,
supongo que no tendría nada preparado,
nunca lo hago,
siempre lo dejo todo para última hora,
soy de los que cuando te mira de forma directa algo sencillo te quiero decir,
y cuando escribo lo pongo todo mucho más difícil.

Total, me senté allí,
el sitio era mucho más pequeño de lo que había imaginado,
muy oscuro e incluso parecía sucio por algunos sitios,
notaba el aliento de las paredes,
había cámaras y tan solo un periodista,
sabía que sería un poco cabrón conmigo,
como lo había sido todo en mi vida
y como era yo.

Todo estaba preparado pero no hubo tiempo para más,
ten cojones, dispara.


REFUGIADOS

Vieron que usaba un chubasquero azul,
era invierno y ese día llovía llovía y llovía,
no era extraño pero tampoco era normal,
a mi espalda la pequeña casa que dejaba,
delante de mi, en concreto en mis brazos, mi hijo,
tenía tres años y evidentemente se cansaba rápido al andar,
no sé de donde pude sacar tantas fuerzas,
la gente me ayudaba en mi caminata, paso a paso,
¿dónde, dónde esta mi tierra?

Tan solo somos dos refugiados más que no podemos cambiar nada,
y una gran mayoría frivoliza diciendo que hoy en día nadie se muere de hambre,
que remedio me queda si no es que me estén matando,
es que simplemente no quieren que vivamos porque otros han de vivir mejor,
de verdad que no sé como podré explicar esto a mi hijo,
esta totalmente empapado y ahora duerme,
me quito el chubasquero y le acurruco junto a mi,
¿dónde, dónde está mi lugar?

Ando, ando y ando hasta que cae la noche
y duermo dulcemente sobre un campamento de barro,
alguien antes de dormir se prestó a darme un poco de agua,
no hay nada como la solidaridad ante lo que parece un viaje a ningún lugar,
despierto y compruebo que ha dejado de llover y mi hijo esta completamente seco,
debo conseguir mi objetivo pero si lo pienso, no tengo claro cual es,
rotas todas mis ilusiones solamente me queda seguir adelante,
¿dónde, dónde he de llegar?

No quiero que nadie se apiade de mi,
no quiero buscar la tierra prometida,
hoy por fin ha salido el sol y quizá cuando mi hijo me pregunte donde estamos,
pueda contestarle que en su nueva casa, en un nuevo hogar,
que se ha acabado esta travesía entre barro, lluvía y policías,
que nuestro pequeño chubasquero azul no lo volveremos a usar,
¿quién sabe que será de él y que será de nosotros ahora,
¿dónde, dónde hemos llegado?