martes, 31 de mayo de 2011

POEMA DEDICADO A LA MIRADA

A mi juicio,
la mirada al igual que las palabras no tienen explicación,
solo formas de expresarse,
por eso siempre que escribo recuerdo aquella vez que tus ojos
besaron las telarañas que hay en los rincones de mi cuerpo.

Mis ojos apenas os habían conocido,
no conocían esta habitación, esta mesa,
este viaje de ida y vuelta y ni a estas personas,
tampoco sabían cómo se mezclaban las cuadrículas de mis hojas
y como le molesta a un zurdo el alambre de los cuadernos.

Conocí a Boukowski, a Rimbaud, a Carver a Gil de Biezma y tantos otros,
pero sobre todo lo que mejor conocí y aún así apenas conozco son mis ojos,
mis lágrimas y mis parpadeos, porque la opción de conocerlos es la que más me atrae y a la vez la que más me distancia de ellos.

Mi mirada puede ver como se unen las penas,
puede ver como la rutina y la soledad aún falta por tatuarse en mi cuerpo,
puede ver tantas cosas como el sol, el mar, la sangre y la tierra,
tanto que es justo la raíz para reflexionar sobre lo que para cada uno es su vida,
en mi caso la reflexión me invitó a pensar que lo que yo veo y a los que yo veo,
como en este caso a vosotros, sois una parte de mi mirada.

Pienso que una mirada es una simple anécdota si no existen unas palabras que la miran, pienso que tus ojos eran más verdes cuando me mentían y que si alguna vez me falta la mirada no me faltarán las palabras para expresarme.

Sobretodo decir que en mis largos ratos a solas, intento mirarme por dentro y preguntarme qué sería de mí si un folio se me quedase en blanco,
qué sería de mi si vuestros ojos no me transmitieran cualquier mínimo
de un algo, del que no me preocupa el porqué.

No dejare que una crisis de tinta permita que mis bolígrafos no puedan escribir,
ni dejaré la puerta cerrada ante unos ojos que me miran,
no dejaré que os olvidéis de mi aunque queráis hacerlo.

Palabras que son solo eso ojos que te miran.
ojos que son solo palabras que se expresan,
como me expresé este tiempo aquí.

domingo, 22 de mayo de 2011

MIEDO A PERDER

Luis García Montero.
“La imitación nostálgica del mundo”

Que no puedas perder lo que perdiste da dolor y vacio,
y son los sueños más temibles los que acosan nuestro interior,
como el reflejo que alumbra mi habitación por las noches,
un reflejo indefenso pero fiel,
la cicatriz se hace presente mirando la aurora,
no queda otra que guardar las lágrimas al fondo de un sobre personal.

Al fin solo somos libres hasta la frontera que nos marca la mente,
una mente maldita e incontrolable,
maniatada sin intención.

Desearía guardarte dentro de la vida que guardan los surcos de mis manos,
de este modo solo con mirarme me calmarías,

domingo, 8 de mayo de 2011

SON MIS SUEÑOS

Son mis sueños,
mis ideas,
mis tormentos,
mi forma de pensar,
lo que no entiendo,
lo poco que puedo explicar,
la situación inversa,
la décima en la que piensas que es verdad,
el arrepentimiento del después,
el pensarlo siempre al final,
un disparo que no cambia,
una alfombra para volar,
un verbo que vuelva,
una paloma que no volverá.

domingo, 1 de mayo de 2011

LA LANZA DEL THUSAMI

Las aguas caminaron de espaldas a la orilla para
volver con una fuerza extrema sobre su posición,
ya nada estaba en su sitio, y por la televisión
se empezó a proyectar una procesión de:
claveles ahogados,
hogares volantes,
granos de arena sin sentido,
uralitas sin frenos,
vidas con una coreografía sin entrenar
y una carrera de vehículos descontrolada.

Apenas pasaban las 8:00h,
hora en la que el despertador de Sayuri
olvidó su tono habitual,
de forma extraña comenzó la mañana,
se veían las puertas del cielo de par en par,
un hormigueo de personas se saludaban
y miraban a la tierra antes de dar el último paso.

Sayuri se acercó al baño,
se aclaró la cara y fue hasta la cocina,
la resultó curioso ver como todos los objetos
de aquel cuarto estaban descolocados,
algunos por el suelo y hechos pedazos,
otros en el borde de la encimera,
y los menos aún casi en su sitio.

Después de calentar el agua y mezclarlo con el té
acudió al salón, el sofá estaba boca abajo,
las estanterías volcadas, su colección de
muñecas manga toda rota, y una de las
bombillas no paraba de parpadear.

Solo la tele estaba en su sitio,
de pronto, sintió un escalofrió de miedo entrar por sus pies,
la realidad manchaba las paredes de aquella estancia,
la niña no quería verla,
Pero inevitablemente encendió el televisor.