martes, 25 de septiembre de 2012

ACABA CONTIGO MISMO SIN VENCERTE

Sabrás de tanto y de nada,
de decirme con tu cuerpo
que el mío hace tiempo que no habla,
que si tú, que si yo, que menos
da una piedra contra una palabra.

Seguirás afirmando con la lengua

llena de arañas que miento,
que mientes, cuando a decir
verdad nada tienes en mente,
que eres mejor, y yo peor,
que no siga en ese sentido,
que si me entiendes lo que digo,
ya no sabes cómo explicarte.

Me conoces y siempre igual,

que si estoy perdido,
que haga caso a lo que dices,
que no beba ni fume,
que no tome drogas y me cuide
un poco a mí mismo.

Siempre tú en lo cierto,
yo, como no confundido
y perdido sin poder aclararme,
pero dices que tú si puedes
y no haces otra cosa que caer
derrotado, lo sé, justo como
un servidor al que nada se le
hace extraño.

Voy a aprender gritando,

cerraré los tímpanos con tantos
consejos y desagrados,
no me esperes esta noche en el banco,
prefiero no tener sentido del olfato.

Acaba contigo mismo sin vencerte,

reza si lo crees necesario,
pero no me desees un infarto,
aunque estés harto y no me entiendas,
yo hace tiempo que vivo al otro lado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

LA ÚLTIMA VEZ

Se había levantado pronto
el último día que pasó por casa 
a recoger las pocas cosas que quedaban.

Como siempre, había desayunado,
había hecho la cama y se había aseado antes de salir,
con dos gotas del perfume que ella le había regalado bastaban, 
todo en su sitio,
hasta había dejado espacio para el regreso de sus cosas.

Se presentó a media mañana, un saludo cordial,
dos besos en las mejillas y un cigarro en el salón,
-¿Cómo te encuentras?- preguntó ella.
Bueno bien, ¿qué quieres que te diga que no sepas?
Me creo fuerte pero no es así, intentaré ocupar mi tiempo
en cosas diferentes y aceptar que es la última vez que piso este suelo.

Poco más duró la conversación,
a medias quedó el cigarro apagado en el cenicero.
Sus cosas estaban dentro de dos bolsas justo a la entrada de la casa,
él pensó que podría llevarse otras muchas,
pero las más delicadas quedarían allí por siempre,
lejos del alcance de su físico.

La puerta se abrió, entró un sol que apenas calentaba,
el viento empujó la puerta y se cerró dando un portazo,
habían tenido el tiempo justo para mirarse de cerca,
bajó los dos escalones que daban acceso a la calle
y depositó las bolsas en la basura,
no se dio cuenta de que el perfume que él le compró
lo acababa de tirar.

jueves, 6 de septiembre de 2012

EN OTRO LUGAR

Son las doce de la noche, 
subo los cuatro pisos que me 
alejan de la puerta de casa,
nadie me espera mas el pomo 
siempre fiel en su sitio,
cierro de un portazo,
dejo las llaves y el tabaco en su lugar,
tengo hambre pero antes he de
pasar por el baño, 
ya es de noche, evidentemente,
aun así despejo las ventanas,
llevan unos días sin ventilarse mis vistas,
preparo carne, 
“qué cena más deliciosa voy a tener”, pienso,
entretanto atiendo las llamadas nocturnas,
recojo la habitación y ordeno la mesa
del salón para poder cenar,
por fin pego un bocado a la comida,
estoy solo, ya me había dado cuenta
pero lo vuelvo a pensar,
otro día sin oír sonar el timbre,
siento el estómago lleno 
y decido irme a la cama 
previo paso de nuevo por el baño,
cierro las ventanas, 
todo parece en su sitio,
acaba un día que no se puede recuperar,
“buenas noches”, me digo a mí mismo,
“hasta mañana”, me respondo.